Horas antes de abrir la ventana para salir de la Patagonia

Nueve horas antes de la salida del tren había llegado a la terminal de transportes de Bahía Blanca desde Río Colorado, el sitio más cercano donde decidí bajarme del último camión en el que anduve. Por seguridad me habían recomendado no pasar todo ese tiempo en la estación de tren. Bahía Blanca ya no era uno de esos pueblitos tranquilos de La Patagonia, por donde había estado, según alguien. En El Bolsón nunca me dieron llaves para entrar a la casa donde me quedaba sencillamente porque la puerta nunca estaba cerrada.

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Al borde de una neurosis hipotérmica, en tren de regreso a Buenos Aires, con la ventana cerrada

Camino a Buenos Aires de verdad sentí que no llegaría viva. Cuando alguien me preguntó cómo me fue a la ida, esperando de antemano que mi experiencia hubiera sido fatal casi mortal, tal y como me lo había advertido, dije que al menos no había muerto en el tren, que hasta me había parecido bien agradable y desde el amanecer no me había perdido un sólo árbol del paisaje hasta llegar a Bahía Blanca; cosa bien distinta sentí en el viaje de regreso.

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A mi amiga M* desde Neuquén (Argentina)

Querida M***, te saludo desde la puerta de La Patagonia (todavía no paso de la puerta, pero voy a entrar, ten un poco de fe en mí). Después de 26 horas (14 en tren) llegué a Neuquén. No morí en ese tren, que me pintaron tan tétrico en Buenos Aires, pero…

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Al sur del sur, con menos hielo y sin Coca, por favor

No es que el agua se haya ido a la mañana, sólo es que se congeló en la tubería. Igual qué más da bañarse o no un día, si alcanzo a considerarlo un fin de semana a 29°C en Cartagena, cómo no a  -6°C (anoche en El Bolsón, Argentina)… Image

Mi camino va tan lento como puedo… ufff ya en los últimos días apenas por la mitad… A andar el último tramo hasta donde dé antes de petrificarme en una silla tomando cada noche Fernet, ese trago amargo, que traumáticamente me devolvió a la infancia de obligados jarabes para la tos o hierro… Pero no os preocupéis, los traumas se superan rápido sin hielo y sin Coca (la gaseosa hace más daño que el alcohol. Lo creo en serio)… Un movimiento más, fotos menos, desconexión total y nada de Fernet, así seguro se avanza más a algún lugar… al sur del sur.

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De Colombia a La Patagonia no recibo dulces a “extraños”

“Dejá de reflexionar sobre el viaje y viajar y contá algo, exponete más, sacate la ropa delante de los demás”, me dijo alguien, a quien a veces le hago caso.

A 4ºC hoy en Bariloche no pienso quitarme ni los zapatos siquiera para dormir. No, hoy no, pero sí tuve la idea de sacarme algo más de entre las medias, una carta a mamá.

Anoche mamá me dijo que ahora no va a leer cartas porque las gafas le están fallando y no ha tenido tiempo de cambiarlas, eso me obligó a escribir concreto y corto, breve, sucinto, preciso, al punto, al grano, sin tantas palabras, rodeos, vueltas, círculos…  entonces pensé sólo en una postal con un pequeño texto detrás:

Antes de salir quise solucionar hasta último minuto unos cuantos problemas domésticos y existenciales como que si la factura de agua se podía pagar por Internet y que si el viajar o mudarse de casa cada tanto multiplica los vínculos o crea más desarraigo y soledad ¿Será un estado constante de llenado, recarga y/o vacío? De no alcanzar a resolverlo, pensaba hacerlo mientras escribía sobre lo viajado y además viajaba. Demasiado para mí. Como siempre quise dejar todo perfectamente sincronizado: la casa, la maleta y mi cabeza. Traté. Aunque al final, como Picaporte en La vuelta al mundo en 80 días, creo que dejé la estufa prendida. Bueno, qué son dos meses, calentando la casa vacía. Tranquila mamá no uso electricidad, sólo gas !Pumm!

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Pedro*, el chofer del camión del que tuve que saltar

…En la estación de servicio El Cholo de Bahía Blanca (Argentina) hice dedo por primera vez. Me recomendaron que no fuera tan confiada y que le dijera al que me llevara que tenía a una tía enferma, que necesitaba visitar urgentemente. Así lo hice. De la manera más sencilla que pude. Así como soy yo.

-Sí, lupus con fiebre amarilla, otitis y una cortada en un pie. La tía abuela del conocido de una prima, que conocí en un boliche (discoteca, no es para jugar bolos) el año pasado que estuve aquí.

Conocí a Pedro*, el camionero más inteligente y “modesto” de todos los que pude conocer en este viaje, tal y como se autopresentó. Recuerda al pelo Relato de un Náufrago, que leyó en el bachillerato (secundario), acababa de morir Gabo y me mostró un recorte de revista sobre el tema que llevaba en la cabina. Sólo estudió secundario; le tocó trabajar desde muy joven, pero con buen conocimiento sobre cada cosa. Hablamos de Ataque 77, Las Malvinas, el viaje en moto del Che y de la parte más flexible del jabalí, la única que sirve para comer, que abunda silvestre en la zona, como los pumas y las liebres salvajes.

-Los argentinos comemos todo lo que se mueva, bueno casi.

-No lo dudo.

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Viva el viaje, aún matando al viajero

Vive el viajero tantas vidas más como viajes haga.

…en cada paisaje, temperatura, sabor y acento distinto que perciba.

Nace cuantas veces sus sentidos prueben algo nuevo.

…unos, encontrándose en cada lugar común, en cada estereotipo de fácil entendimiento y diversión,

en cada pico de euforia fragmentada y prestada

en cada mapa comprado nuevo en la revistería.

Otros viven perdiéndose en cada lugar raro, donde nada cuadre, por lo menos el cliché no encaje tan fácil con la experiencia,

en cada dirección mal aprendida,

mientras más borroso el número, mejor

y mientras más oscura y solitaria sea la calle, especialmente para una chica, jaja.

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Por el sur de América latina, andando… por la dirección incorrecta

Y bueno, después de dos aviones y 22 horas de andar con maletas aquí y allá y los pies pelados por las botas nuevas que compraste justo para caminar después de casi tres años de no usar zapatos en Cartagena, con pocos pesos locales en la cartera, te vas con un taxista muy porteño, de esos que dicen que ahora no hay onda con el Gobierno y el peronismo esto y lo otro, porque aquí los viejos también hablan muy en onda como la gente joven y viceversa.

Te sentís segura porque saliste de Caracas donde no hay un venezolano que no te diga que la Ciudad es sólo peligro y a cada dos pasos…

-¿Me pueden robar?

-!Matar!… por robarte.

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